El rural que termina no es el rural que debemos recuperar
El reportaje de El País Semanal sobre Adeus, el trabajo fotográfico de Vicente Fraga, muestra con una belleza triste una realidad que ya no podemos negar: aldeas vacías, casas abandonadas, escuelas cerradas, caminos invadidos por el silencio y personas mayores sosteniendo, casi en soledad, los últimos restos de una forma de vida que se apaga. Durante más de cuatro años, Fraga recorrió aldeas del interior gallego para documentar esa desaparición progresiva de la cultura rural.
Pero quizá la cuestión principal no sea sólo mirar lo que desaparece.
Quizá la cuestión sea preguntarnos qué es exactamente lo que está desapareciendo.
Lo que estamos contemplando es, en gran medida, el final alargado del rural del siglo XX: un rural ya herido, envejecido, vaciado de función, desestructurado por la emigración, por la ruptura de las economías de proximidad, por el abandono de los sistemas agrarios tradicionales y por una idea de progreso que durante décadas confundió modernización con desconexión del territorio.
Ese mundo merece respeto.
Merece memoria.
Merece dignidad.
Pero no debemos confundir su final con el fracaso histórico del rural gallego.
Durante siglos, Galicia sostuvo un sistema territorial de enorme complejidad: una red capilar de aldeas, huertas, montes, caminos, aguas, hórreos, escuelas, oficios, ferias y formas comunitarias de gestión. No era atraso. Era una inteligencia material adaptada a un territorio difícil. Era un sistema de éxito, aunque después fuese desarmado, desprestigiado y finalmente abandonado.
Por eso, ante estas imágenes, no basta con sentir nostalgia.
La nostalgia mira hacia atrás.
El futuro necesita leer.
Y ahí aparece una segunda idea, quizá más incómoda pero también más fértil: un territorio vacío puede ser reseteado con más facilidad.
No para borrarlo.
No para entregarlo a la especulación.
No para convertir Galicia en decorado rural, parque temático o simple reserva inmobiliaria.
Sino para repensarlo con instrumentos nuevos: conocimiento histórico, tecnología, agroecología, arquitectura sostenible, formación, comunidades energéticas, producción local, salud, cultura, paisaje y nuevas formas de habitar.
El reto no es volver al siglo XX.
Ni siquiera volver al XIX.
El reto es construir un rural gallego del siglo XXI con memoria larga.
Pocos lugares de Europa están tan preparados para una reflexión verdadera sobre el futuro como Galicia. Precisamente porque aquí el territorio todavía conserva las marcas de un sistema antiguo. Aunque esté cubierto de maleza. Aunque parezca abandonado. Aunque muchos ya no sepan leerlo.
El reportaje de El País nos muestra el adeus.
Ahora nos corresponde formular la siguiente pregunta:
¿Somos capaces de convertir ese final en un comienzo?
Retrato de un mundo que desaparece: los últimos habitantes de la Galicia rural | EL PAÍS Semanal | EL PAÍS https://lnkd.in/eJUrWmhG
© Carlos Sánchez-Montaña. 2026


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